Cataluña

Muerto el perro… se acabó la rabia

Foto: EFE
Tal vez me equivoqué la semana pasada cuando afirmé que no colaba el hecho de que Junts pel Sí y la CUP hubieran sido capaces de negociar, junto con ERC, el inicio de la conformación de un Estado catalán y se les hubiera pasado acordar el nombre del presidente encargado de formar un Gobierno que tuviera la capacidad ejecutiva para ponerlo en pie. Y admito que pudiera haberme equivocado si tenemos en cuenta que la inmensa mayoría de los afiliados a la CUP votaron el domingo anterior en contra de apoyar la investidura de Artur Mas. Pero el tal vez con el que abro este comentario se sostiene en el hecho de que, al día siguiente de que votaran las bases, el líder de la formación anticapitalista, Antonio Baños, declaró en un medio de comunicación que la posibilidad de que parte de los parlamentarios de la CUP voten al actual presidente en funciones sigue siendo posible. «Todas las opciones siguen abiertas», dijo en una entrevista en RAC. Sigo insistiendo, y me juego una cerveza con quien quiera, que Mas saldrá elegido presidente de la Generalitat con los votos de Junts pel Sí, de ERC y de la CUP.

Salvar la cara o… ¡vaya cara!

Cuarto. El Parlamento de Cataluña insta al futuro gobierno a adoptar las medidas necesarias para hacer efectivas estas declaraciones.

Quinto. El Parlamento de Cataluña considera pertinente iniciar, en el plazo de treinta días, la tramitación de las leyes de proceso constituyente, de Seguridad Social y de Hacienda Pública.

Octavo. El Parlamento de Cataluña insta al futuro gobierno a cumplir exclusivamente las normas o los mandatos emanados de esta Cámara.

Lo de arriba es parte de la resolución aprobada el pasado lunes 9 de noviembre por el Parlamento catalán, firmada por Junts pel Sí y por la CUP.

Nadie debería estar más dispuesto a constituir un nuevo gobierno en Cataluña que los firmantes de esa resolución, para que los mandatos contenidos en la misma no sean papel mojado.

Aquella izquierda catalana

Se aprobó en el Parlamento de Cataluña la declaración para iniciar la desconexión de esa región del resto del Estado. Los españoles nos encontramos con un ataque al Estado desde dentro del Estado y no tenemos respuesta. Dice el presidente del Gobierno que él sabe lo que hay que hacer pero el resto de los ciudadanos no sabemos qué decir. No sabemos qué hacer. El Gobierno debería articular un discurso y una respuesta que pudiera dar seguridad y tranquilidad a todos los ciudadanos. Conviene que se tenga claro y se tome en serio. Tenemos poca experiencia en reformas constitucionales.

MACHISMO

En el momento de escribir estas líneas, el parlamento catalán ha aprobado una propuesta de desconexión con España, la campaña electoral para las elecciones generales del 20 de diciembre está en sus prolegómenos y tres mujeres más (casi 800 desde 2003 hasta hoy) han sido asesinadas por hombres.

Y hombres, solo hombres, encabezan las candidaturas de los principales partidos (PP, PSOE, CIUDADANOS, PODEMOS, IU, UPyD de ámbito nacional). Y un hombre, solo un hombre que iba el cuarto en la lista electoral del Junts pel Sí, por debajo de dos mujeres, se considera  a sí mismo indispensable para romper el cordón umbilical que une a Cataluña con el resto de España. Todos ellos hablarán de la violencia de género y de la virtuosidad de las mujeres en política, pero ninguno de ellos considerará que si dieran un paso atrás, y una mujer ocupara la próxima presidencia del gobierno de España, probablemente sabrían mejor que los hombres como atacar el asesinato constante y continuo de sus congéneres. Y saben, mejor que los hombres, que romper cordones umbilicales produce llanto y frío, mucho frío.

No lo hará ninguno porque, si bien, cantarán las excelencias femeninas, ellos van los números uno porque se consideran mejores que las que vayan en números 2.

 

La estrategia del calamar

Mas y Rajoy. EFELa tinta de calamar, ese pigmento oscuro que desprenden algunos cefalópodos, que se expulsa por las aberturas laterales cuando el cefalópodo se encuentra en peligro, deja un rastro oscuro que permite desorientar al atacante. Se trata generalmente de una estrategia de evasión. Esta estrategia, vieja como la vida misma, no solo es usada por el calamar. Todos, en alguna ocasión, hemos tirado de ella cuando hemos sentido que lo mejor era que se perdiera nuestro rastro para evitar que alguien pudiera hacer el tiro al blanco con nosotros. Hay ejemplos muy acabados en la vida y en la literatura de la estrategia de la tinta del calamar. Sin ir más lejos, Podemos, la emergente-descendente nueva fuerza política, la emplea constantemente, arrojando tinta, según los temas y los espacios, para impedir ser percibido con claridad por los depredadores y para no asustar a ningún posible votante.

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