Cataluña

La sala Tàpies

Rajoy y Puigdemont
Si algún presidente autonómico del norte, del sur, del este o del oeste llegó a pensar en algún momento que era el rey del mambo, que se le vaya quitando esa megalomanía de la cabeza porque como dice el editorial de El País del pasado 21 de abril, «El hecho de que Rajoy compareciera ante la prensa cuando no lo había hecho tras entrevistarse con otros presidentes autonómicos es un gesto a valorar».

La última pirómana

El escritor Heinrich Heine escribió en 1821 “Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos”. Tal vez esa premonición fuera la que hizo exclamar a Sigmund Freud, al enterarse de que algunos libros suyos habían sido quemados: “¡Cuanto ha avanzado el mundo: en la edad media me habrían quemado a mí!”. Lamentablemente, el mundo avanza en algunas facetas y retrocede en otras; Freud que murió en1939 vio como en 1933, cuando los nazis del Nacionalsocialismo tomaron el poder en Alemania, se inició una campaña liderada por la Unión Estudiantil Nacionalsocialista, que concluyó en la quema de libros de autores judíos, pacifistas y marxistas, frente a la Universidad Humboldt, en Berlín, y que fue imitada poco después por más de veinte universidades alemanas. Esos incendios sirvieron para calentar más el ambiente antisemita y para desmentir al padre del psicoanálisis en su constatación del avance de la humanidad. A él no lo quemaron pero, pocos años después de su muerte, y tras la Noche de los cristales rotos, en 1938, los mismos que quemaron libros, quemaron librerías, sinagogas y negocios judíos, como prólogo de lo que fue la Solución final que eliminó por gaseamiento, fusilamiento y otro tipo de asesinatos a seis millones de judíos.

Mi voto al PSOE es incompatible con el préstamo de senadores a ERC y DiL

Escribo estas líneas desde lo que históricamente fue la España de la marginación, de la falta de oportunidades y de la sangría de la emigración. Muchos no estamos dispuestos a que, una vez más, el silencio nos haga cómplices de procesos que marginen a nuestros territorios. Me atengo, pues, a una estricta lealtad al proyecto político encarnado en la Constitución de 1978, y reivindico mi derecho, y el de millones de ciudadanos, a no ser considerados sospechosos de nada por el simple hecho de defender, junto con quienes compartan esta visión positiva, el texto constitucional y lo que está significando para España.

Ahora, todo está claro

El Parlamento catalán eligió a un presidente golpista el pasado 10 de enero. Su elección es la consecuencia de lo establecido en la Constitución española y en el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Por mucho que la CUP pretenda justificar su voto argumentando que ellos no han votado por un presidente autonómico, sino por un presidente de la República provisional catalana, las palabras de la presidenta del Parlamento catalán al proclamar presidente al Sr. Puigdemont diciendo que “mañana se dará cuenta de esa elección al Rey Felipe VI”, revelan claramente que lo que se eligió fue un presidente autonómico y no otra cosa. En consecuencia, hay algo que el presidente y su gobierno no pueden dejar de hacer, que es cumplir y hacer cumplir las leyes, que es una de las exigencias para gobernar en un Estado de Derecho.

HOY YA SE PUEDE EMPEZAR

Hasta ahora el subterfugio imperaba en la política catalana. Se acabó. Tras la elección del nuevo presidente catalán las cosas ya están meridianamente claras. Puigdemont declaró  que seguirá el proyecto soberanista y señaló que ello implica avanzar en la “construcción de estructuras de Estado” como la creación de una “Hacienda propia”. El presidente de la Generalitat señaló que el objetivo es poner en marcha cuanto antes una “ley de proceso constituyente” que fije los pasos a seguir para proclamar la independencia en el plazo de 18 meses. Puigdemont señaló que está abierto a la negociación con el “Estado español, la Unión Europea y la comunidad internacional”, aunque también avisó de que el proyecto soberanista es irreversible.

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