Constitución

Referéndum

Reunión del Comité Federal del PSOE, este sábado en la sede de Ferraz, en Madrid. EFE/Kiko Huesca

Carles Puigdemont perdió un referéndum sobre las negociaciones con el PSOE para la investidura de Pedro Sánchez, Secretario General socialista y candidato propuesto por el Rey y Jefe del Estado, Felipe VI. El referéndum era de tipo consultivo. Puigdemont no está obligado a hacer caso de lo que le han dicho sus votantes. El virrey de Waterloo tiene que elegir entre aceptar el resultado o seguir defendiendo la amnistía que le permitiría volver a España diciendo lo que dijeron sus colegas al salir de prisión por el indulto  concedido por el Gobierno de España: Lo volveremos a hacer.

Explicarlo

El dicho de “No corras que es peor” no se puede aplicar a Puigdemont. El que fue Presidente de Cataluña declaró la independencia y la desconexión de Cataluña de la Constitución y del Estatuto de Autonomía de ese territorio, se metió en el maletero de un coche y corrió que se las pelaba camino de Bruselas. Dejó a los pies de los caballos a quien entonces era su Vicepresidente, Oriol Junqueras, y demás separatistas que le acompañaron antes de que se diera el piro. Cobardía se llama la fuga de un fanfarrón venido a menos, que dejó compuestos y sin novios a quienes le aplaudieron y, posteriormente, le alquilaron una villa en Waterloo para que viviera como un Rey quien aspiraba a ser presidente de una República.

Alguien no dice la verdad

Alguien no dice la verdad / Rosell

Supongamos que toda la literatura que ha adornado la presentación de una proposición de ley por el Grupo Parlamentario Socialista y por el de Unidas Podemos es cierta. Supongamos que la eliminación del delito de sedición no es una estratagema para librar de castigo severo a quienes desafiaron a la Constitución y a los ciudadanos que la aprobamos, con sus leyes de desconexión de la Carta Magna, incluido todo el cuerpo legislativo que el Parlamento catalán fue elaborando desde 1979, fecha de entrada de su Estatuto de Autonomía. Supongamos que el PP no acertó en su política territorial y ese desacierto llevó a los independentistas catalanes a proclamar la República Independiente de Cataluña. Supongamos que Puigdemont, que entonces era presidente de la Generalitat, huyó porque estaba seguro de que la proclamación que hizo de la independencia catalana fue solo un aviso a navegantes que duró algo menos de un minuto. Supongamos que la Mesa entre el Gobierno de España y el Gobierno catalán está sirviendo para aplacar el ánimo independentista de los independentistas. Y supongamos que cuando quede aprobada la reforma del Código Penal, la convivencia de Cataluña con el resto de España mejorará y nos veremos libres de la amenaza de secesión.

Si se pierde territorio, se pierde libertad

Destruir la Constitución que nos protege nos hace menos libres. Podríamos vivir sin Cataluña, pero no podemos ni queremos vivir sin libertad

Pere Aragonés, presidente de la Generalitat junto a Oriol Junqueras, líder de ERC

La nacionalidad, en este caso la española, es algo que se adquiere con el nacimiento y la inscripción en el Registro. Puesto que no se trata de un sacramento, debemos concluir que la nacionalidad española no imprime carácter, de donde se infiere que aquellos que no la quieran deberían pedir su renuncia a ella de manera individualizada, sin pretender arrastrar a todo un pueblo a esa renuncia. En caso contrario se entenderá que se quiere ser español. ¡Como se quiera!; ¡Con las diferencias que se quieran!, incluido el ser español no practicante. Y los españoles, por muy diferentes que seamos, somos todos iguales ante las leyes. O español o no español, ésta es la cuestión.

Todo no es posible, señor Pere Aragonès

No es inevitable la votación de Cataluña. Haga usted la prueba y verá que sí se puede y se debe evitar

El president de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragonès Europa Press

“Una corriente política tan persistente como la del independentismo catalán no puede ser simplemente ignorada o reprimida. Mientras la reflexión y la autocrítica no se generalice, el problema seguirá”. Así concluía un editorial del periódico La Vanguardia de ayer, 12 del presente mes, y un día después de la fiesta catalana del Once de septiembre. Se sigue hablando desde el eufemismo en lo referente al independentismo catalán. Se dice sin decir para que se entienda lo que se quiere que se sepa, pero sin atreverse a descubrir las cartas. ¿Qué se quiere decir con la “reflexión y la autocrítica”? Fue más explícito el presidente del gobierno de Cataluña que el día antes a esa fiesta regional afirmaba en su discurso que “Cataluña volverá a votar su futuro, y lo hará con toda la ilusión y toda la alegría de quien está votando a favor de un futuro donde todo, absolutamente todo, es posible. Cataluña volverá a votar, es inevitable”.

Scroll al inicio