La debilidad partidaria sólo podría ser compensada por la fortaleza de las Instituciones. Pero no parece que vayan las cosas por esos derroteros
Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo en el Congreso. Europa Press
Adolfo Suárez ganó el referéndum para la reforma de 1976. Se inició lo que más tarde se conoció como la Transición española de la dictadura a la democracia. Desde ese momento, el único legitimado por las urnas fue Suárez. Todos los demás comenzaron a tener presencia y protagonismo público, pero no estaban legitimados por las urnas. Esa legitimación le permitió hablar de tú a tú a quienes, viniendo de la clandestinidad y de la lucha contra la dictadura franquista, de cuyo partido único (Movimiento Nacional) Suárez era el secretario general, les faltaba pasar por el refrendo popular.
Su larga trayectoria democrática tiene resueltas algunas de las carencias que todavía se padecen en democracias con menos recorrido histórico, como puede ser la española
Complejo de superioridad junto a lecciones de democracia. Esas dos circunstancias nos alejan y nos acercan a Gran Bretaña. El nacionalismo británico desprende un doble sentimiento: una agobiante sensación de superioridad y una cierta envidia por la forma de practicar la democracia.
Asistí el jueves 24 de septiembre pasado, en Cabeza del Buey, a la entrega del premio Muñoz Torrero a los valores constitucionales que otorga la fundación que lleva el nombre del inminente constitucionalista. Era la primera edición y recayó en la catedrática de Derecho Constitucional, María Teresa Freixes Sanjuán.
Si el currículo de la premiada avalaba el acierto del jurado que eligió su candidatura, el discurso que pronunció la catedrática reforzó dicho acierto. Su disertación, llena de referencias a los valores constitucionales y europeístas, y a la importancia que para España supuso la elaboración y aprobación de la Constitución, se deslizó hacia la realidad que ella misma vive en Cataluña. No en vano, es catalana y activista del mantenimiento de su comunidad en el conjunto de territorios que conforman nuestro Estado.
No existe la menor duda de que la aventura del independentismo está condenada al fracaso
Junqueras y los otros siete presos indultados de Lledoners a su salida de prisión.
Me contó un profesor universitario que el primer día del curso, en la Facultad de la que era catedrático, le dijo a sus alumnos: “Todos ustedes saben quién soy yo. Pero yo no sé quiénes son ustedes. Así que me van a escribir en un folio la respuesta razonada a la siguiente pregunta: ¿Usted qué prefiere, la libertad o la seguridad?” La decepción asomaba por el rostro del profesor. El 89% de los alumnos preferían la seguridad.
Hemos bautizado a los niños marroquíes con el apodo de menas como si fueran componentes de una banda de criminales que vienen a asaltar nuestro país
Dos niños marroquíes sobre un muro en la nave de primera acogida del polígono del Tarajal. Europa Press
Usted que está empezando a leerme, piense lo siguiente: su nieta, su hijo, su mujer, su padre o su madre, su hermano han nacido en el África subsahariana. No tuvieron la suerte que tuvo usted y que tuve yo que nacimos en un país como España o como Franciao como Alemania. No hicimos nada para tener esa suerte. Ellos tampoco hicieron nada para tener esa desgracia. A usted y a mí nos criaron nuestros padres. Para no enfermar -o si lo hacíamos- contábamos con un excelente sistema sanitario. Hemos contado con médicos que nos curaron cuando lo necesitamos. Pudimos iniciar nuestro desarrollo intelectual acudiendo a magníficos centros educativos donde nos encontramos con profesores y maestros que nos enseñaron y nos prepararon para poder enfrentarnos a los retos y desafíos de la sociedad. Ellos, que nacieron en esa África subsahariana, no tuvieron esas oportunidades educativas, sanitarias, profesionales y personales. Su único delito fue haber nacido en el lugar equivocado. Nacieron más al sur que nosotros. Como hemos visto en estos días, si muchos de los que se tiraron al agua para llegar a nuestro país hubieran nacido un metro más acá, hubieran gozado de todos los derechos de los que disponemos usted y yo. Solo un metro es la distancia que separa la democracia del autoritarismo, los derechos humanos de la falta de oportunidades, la guerra de la paz.