democracia

«Estoy aquí para ganar»

En política se está para liderar un proyecto político que ayude a ser felices a los ciudadanos. Unas veces se gana y otras se pierde

El presidente del partido del PP, Alberto Núñez Feijóo. Europa Press
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. Europa Press

Soy perfectamente consciente de que ser amable o resultar simpático es raramente compatible con el responsable ejercicio de la acción gubernamental. El espectáculo que se nos brinda cada miércoles en el Congreso de los Diputados se llama política porque lo hacen políticos, pero eso en realidad se podía calificar como lucha libre o como pelea de gallos. Todos los que sentimos aprecio por la democracia deberíamos promover y propiciar con la llegada del nuevo liderazgo en el principal partido de la oposición, la aquiescencia de todos para ampliar substancialmente el espacio del acuerdo; ese ámbito libre de luchas estériles y voluntariamente vedado para las críticas públicas prescindibles.

¿Qué quieren hacer?

Todo son amenazas: superpoblación, el cambio climático, el desempleo, el terrorismo, la barbarie, la inmigración, la tecnología disruptiva, el coronavirus, Ucrania, Rusia

Un soldado del ejército ucraniano camina por una trinchera
Un soldado del ejército ucraniano camina por una trinchera

Las generaciones de la primera mitad del siglo XX hicieron dos guerras mundiales. En el periodo que fue de la primera a la segunda guerra mundial, las clases dominantes y las élites conservadoras de Europa, sobre todo de los países más importantes, tal vez asustadas por la radicalización que empezó a ver en la clase obrera, se alinearon con las nuevas fuerzas políticas ultraconservadoras, xenófobas, racistas y nacionalistas. Las instituciones liberales de gobierno entraron en barrena y la democracia se debilitó con el triunfo de dos totalitarismos: el comunismo y el fascismo.

Lástima de país

La debilidad partidaria sólo podría ser compensada por la fortaleza de las Instituciones. Pero no parece que vayan las cosas por esos derroteros

Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo en el Congreso. Europa Press
Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo en el Congreso. Europa Press

Adolfo Suárez ganó el referéndum para la reforma de 1976. Se inició lo que más tarde se conoció como la Transición española de la dictadura a la democracia. Desde ese momento, el único legitimado por las urnas fue Suárez. Todos los demás comenzaron a tener presencia y protagonismo público, pero no estaban legitimados por las urnas. Esa legitimación le permitió hablar de tú a tú a quienes, viniendo de la clandestinidad y de la lucha contra la dictadura franquista, de cuyo partido único (Movimiento Nacional) Suárez era el secretario general, les faltaba pasar por el refrendo popular.

Doble sentimiento respecto a la pérfida Albión

Su larga trayectoria democrática tiene resueltas algunas de las carencias que todavía se padecen en democracias con menos recorrido histórico, como puede ser la española

Complejo de superioridad junto a lecciones de democracia. Esas dos circunstancias nos alejan y nos acercan a Gran Bretaña. El nacionalismo británico desprende un doble sentimiento: una agobiante sensación de superioridad y una cierta envidia por la forma de practicar la democracia.

El peligro está en ERC

El peligro está en ERC / rosell
El peligro está en ERC / rosell

Asistí el jueves 24 de septiembre pasado, en Cabeza del Buey, a la entrega del premio Muñoz Torrero a los valores constitucionales que otorga la fundación que lleva el nombre del inminente constitucionalista. Era la primera edición y recayó en la catedrática de Derecho Constitucional, María Teresa Freixes Sanjuán.

Si el currículo de la premiada avalaba el acierto del jurado que eligió su candidatura, el discurso que pronunció la catedrática reforzó dicho acierto. Su disertación, llena de referencias a los valores constitucionales y europeístas, y a la importancia que para España supuso la elaboración y aprobación de la Constitución, se deslizó hacia la realidad que ella misma vive en Cataluña. No en vano, es catalana y activista del mantenimiento de su comunidad en el conjunto de territorios que conforman nuestro Estado.

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