democracia

El laboratorio andaluz

Utilizar las elecciones andaluzas como munición contra Sánchez o contra Feijóo es una falta de respeto que los votantes andaluces no deberían tolerar

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijoó, durante su intervención en un mitin en Granada.

Tratando de hacer un chiste, Feijóo metió la gamba cuando intentó comparar la belleza de la puesta de sol en Granada con la puesta de sol en Finisterre. “Clinton no estuvo en Finisterre y por eso proclamó la puesta de sol granadina como la mejor del mundo”.  No teníamos bronca suficiente como para que ahora nos enzarcemos por el nombre de una ciudad fusionada o por una puesta de sol. Y como la comparación de Feijóo la hizo en el contexto de una campaña electoral andaluza, los electores deben estar pasmados por el nivelazo del debate político de la campaña, a la que, por si le faltaba algo, el presidente del Partido Socialista Obrero Español de Andalucía añadió algo de sal adjetivando de tonto-polla a Feijóo.

Yo, mi, me, conmigo

Salvo en las elecciones locales en las que los candidatos son muy conocidos por los votantes, a medida que sube la población disminuye el conocimiento del candidato

El presidente de la Xunta de Galicia y candidato a la presidencia del PP, Alberto Núñez Feijóo; el presidente de la Junta de Andalucía y presidente del PP andaluz, Juanma Moreno y la portavoz del PP en el Congreso de los Diputados y futura secretaria general del partido, Cuca Gamarra

De nuevo, una nueva campaña electoral. Esta vez en Andalucía. Y lo hace de manera personalista. Oigan al candidato Moreno o a la vicepresidenta segunda del Gobierno de España y comprobarán que no pretenden liderar un proyecto para un territorio. Puro personalismo. Solo hablan de ellos: Yo, mí, me, conmigo. Y solo yo. Y sola yo.

Desprecio a la política

Desprecio a la política / Rosell

Antes de la muerte de Franco y durante la transición española, la dedicación a la actividad política constituía en la mayoría de los casos un ejemplo de dignidad, valentía y altura de miras. En la mayor parte de los casos, el compromiso acompañaba a quienes se dedicaron a esa actividad. La cosa ha ido enredándose de tal manera que ahora esa dedicación -absolutamente necesaria para que la democracia exista- es sospechosa. Lejos de dar brillo, lo que hace es empañar la imagen. Antes, la familia aconsejaba no dedicarse a la política porque resultaba una actividad peligrosa para quienes habían vivido en sus carnes el fracaso de la II República y el terror de la dictadura. Ahora, las familias vuelven a aconsejar la no dedicación porque aparece como una actividad vergonzosa a los ojos de muchos ciudadanos.

«Estoy aquí para ganar»

En política se está para liderar un proyecto político que ayude a ser felices a los ciudadanos. Unas veces se gana y otras se pierde

El presidente del partido del PP, Alberto Núñez Feijóo. Europa Press
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo. Europa Press

Soy perfectamente consciente de que ser amable o resultar simpático es raramente compatible con el responsable ejercicio de la acción gubernamental. El espectáculo que se nos brinda cada miércoles en el Congreso de los Diputados se llama política porque lo hacen políticos, pero eso en realidad se podía calificar como lucha libre o como pelea de gallos. Todos los que sentimos aprecio por la democracia deberíamos promover y propiciar con la llegada del nuevo liderazgo en el principal partido de la oposición, la aquiescencia de todos para ampliar substancialmente el espacio del acuerdo; ese ámbito libre de luchas estériles y voluntariamente vedado para las críticas públicas prescindibles.

¿Qué quieren hacer?

Todo son amenazas: superpoblación, el cambio climático, el desempleo, el terrorismo, la barbarie, la inmigración, la tecnología disruptiva, el coronavirus, Ucrania, Rusia

Un soldado del ejército ucraniano camina por una trinchera
Un soldado del ejército ucraniano camina por una trinchera

Las generaciones de la primera mitad del siglo XX hicieron dos guerras mundiales. En el periodo que fue de la primera a la segunda guerra mundial, las clases dominantes y las élites conservadoras de Europa, sobre todo de los países más importantes, tal vez asustadas por la radicalización que empezó a ver en la clase obrera, se alinearon con las nuevas fuerzas políticas ultraconservadoras, xenófobas, racistas y nacionalistas. Las instituciones liberales de gobierno entraron en barrena y la democracia se debilitó con el triunfo de dos totalitarismos: el comunismo y el fascismo.

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