Europa

Reconstruir y equilibrar

Reconstruir y equilibrar / rosell
Reconstruir y equilibrar / rosell

Popularmente, las 300 regiones que conforman la Unión Europea se dividen en dos tipos: regiones objetivo 1 y demás regiones. A mí me gustaría más que Europa empezara a clasificar las regiones en carbonizadas y descarbonizadas. ¿Por qué? La política europea de los próximos años va a ser una política expansiva, en oposición a la que fue la política de 2008, pero con condiciones. Se financiarán inversiones por objetivos, tales como mejorar el aparato productivo, el cambio climático, la digitalización, etc. En definitiva, yo lo resumiría en dos clases de políticas: el Pacto Verde Europeo y la digitalización.

CUÁNTO, EN QUÉ CONDICIONES Y CON QUÉ GARANTÍAS

Sanchez y Merkel durante las negociaciones en la UEA los demócratas españoles nos costó tanto tiempo, cuarenta años esperando entrar en la Unión Europea, que estamos siempre dispuestos a perdonar cualquier veleidad, cualquier desviación, e incluso a tratar de superarla con tal de que no desaparezca este maravilloso invento que se llama Unión Europea. Muchos de nosotros, por cierto, no dimos por concluida la Transición española hasta que no ingresó España en la Unión Europea. La Constitución de 1978 nos dio la libertad; y sin embargo, el ingreso de España en la Unión Europea nos homologó democráticamente con el resto de países a los que queríamos parecernos.

El aplauso de las ocho

El aplauso de las ocho / Rosell
El aplauso de las ocho / Rosell

Vivimos en un Estado descentralizado. Así lo define nuestra Constitución. Así se decidió al ingresar como nación, el 1 de enero de 1986, en la entonces Comunidad Económica Europea. Dos circunstancias que exigen de la concertación entre el Gobierno de España y los gobiernos de las diecisiete comunidades autónomas ante las exigencias de los retos y desafíos del mundo globalizado. Hoy, como desde 1979, nada se puede hacer de importancia en España si no confluyen las dos legitimidades: las CCAA necesitan del concurso del Gobierno central y este Gobierno necesita de la cooperación de los gobiernos autonómicos.

¡Y ellos lo saben!

¡Y ellos lo saben! / Rosell
¡Y ellos lo saben! / Rosell

España tiene una extensión territorial de 505.990 kilómetros cuadrados. Cataluña, 32.108. En el caso de que unilateralmente decidieran la separación del resto de España, los españoles nos encontraríamos ante un grave problema que tiene poco que ver con la dimensión de nuestro país. No es la extensión del territorio lo que hace grande, fuerte y consistente a una nación; se puede ser un macro territorio y, sin embargo, disponer de una economía deficiente y de un Estado con una democracia inexistente o debilitada; ejemplos hay que demuestran que a España no tenía que irle mejor o peor en función de dónde sitúa sus fronteras. Fronteras que, en el caso español, no han parado de moverse desde que con los reinados de Carlos I y Felipe II, en el Imperio español -según nos enseñaban en la escuela- nunca se ponía el sol. Ya a partir de Felipe III las sombras comenzaron a aparecer con la pérdida de los Países Bajos, el Milanesado, Nápoles, las colonias americanas, los territorios en Asia y Oceanía, las colonias norteafricanas… Cuando en 1978, la nueva Constitución alumbró la democracia española, los españoles estábamos curados de espantos si de pérdidas territoriales se trataba.

Blancanieves y la bruja fea

Desde un país definido y articulado, la izquierda puede encontrar aliados que no sientan el desencanto de la política si está en condiciones de emitir avisos de que verdaderamente la democracia y la lucha contra las desigualdades está dentro de sus preocupaciones y de sus riesgos, en el interior y en el exterior de sus fronteras nacionales.

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