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Santa Bárbara, el PP y el Ibex35

El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, se entrevistó este viernes con Alexis Tsipras en Atenas. (Gtres)

El pasado miércoles, 4 de febrero, el CIS publicó el último sondeo de opinión pública. Sobre la proyección del voto en el supuesto de que ahora se celebraran elecciones generales, ya se sabe el resultado: 1º, PP; 2º, Podemos; 3º, PSOE. En intención directa de voto: 1º, Podemos; 2º, PP; 3º, PSOE. Son múltiples las valoraciones que se han hecho por las distintas fuerzas políticas y, al igual que ocurre el día de las votaciones, todos han tendido a arrimar el ascua a su sardinay a procurar que el ciudadano perciba algún detalle que, por tan rebuscado, le pasó desapercibido.

Parejas de baile

El presidente Mariano Rajoy saluda al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (Reuters)
En la última legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno de España, el culpable de todos los males que aquejaron a la patria se llamaba PSOE. Para los ciudadanos, los socialistas y sólo ellos, fueron los únicos y exclusivos responsables de la deriva que tomó nuestro país a partir de 2008. El otro gran partido, el PP, no sólo quedó exento de cualquier responsabilidad, a pesar de su cuota de poder en los gobierno de varias Comunidades Autónomas y de bastantes Ayuntamientos y Diputaciones provinciales, sino que acabó siendo percibido por los ciudadanos como la solución alternativa a los males socialistas, como se puso de manifiesto en el abultado resultado electoral obtenido por ese partido en las elecciones municipales, autonómicas y generales del año 2011.

Pero… ¿y Podemos?

Partidarios de la independencia festejan en Barcelona el resultado del 9N (EFE)

Como es sabido, los nacionalismos que hoy conocemos en España (sobre todo, el catalán y el vasco) son en una parte importante el resultado de la transformación o, si se quiere ser más precisos, de la secularización y modernización del foralismo o fuerismo que caracterizó al tradicionalismo español en el siglo XIX. Este, a su vez, era expresión de las resistencias que se oponían, desde distintas zonas de España, a los sucesivos intentos de centralización política (primero con el Conde-Duque de Olivares, luego con la Monarquía Borbónica y finalmente con el liberalismo centralista).

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