Artículos en prensa

Relación de últimos artículos de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, publicados en prensa escrita.

¿Y EL PARTIDO? (el correo de Andalucía)

Éramos pocos y paró la abuela. El PSOE anda elaborando su estrategia política para hacerla pública en la conferencia a celebrar en el mes de octubre próximo; pero parece que para evitar que se hable de proyectos que traten de dar respuesta a la desgraciada situación por la que atraviesa nuestro país, idea el debate sobre nombres y sobre procedimientos para elegir entre esos nombres. Ya nos hemos enterado a través del Presidente del partido que el partido socialista tiene un banquillo que para sí quisieran el Real Madrid o el FC Barcelona, de lo que se deduce que el problema de ese partido no es buscar nombres, sino saber cómo se es capaz de seleccionarlos para que salga el mejor y para que los que no les votan decidan hacerlo después de un proceso lo más democrático posible.

Nadie sabe cómo se eligió a Ada Colau, líder indiscutible del movimiento anti desahucio, a la que siguen y atienden muchos ciudadanos identificados con su discurso y con sus propuestas. Nadie sabe cómo se eligió al líder del movimiento 25S ni al líder del movimiento 11M, entre otras cosas porque cuando ese grupo de manifestantes decidieron aparcarse en la Puerta del Sol en marzo de 2011, lo primero que proclamaron era que no querían líderes, sino discutir sobre propuestas. No sé, por tanto, de donde se saca la dirección del PSOE la idea de que cuanto más democrática sea la elección de sus líderes, más posibilidades existen de que el PSOE entronque con quienes le dieron la espalda en las últimas elecciones generales, autonómicas y municipales. Algunos parecen haber olvidado la máxima del difunto presidente del PSOE, Ramón Rubial, que prohibía que se diera algo en el seno del PSOE a quien lo pidiera para él. “Trabaja y ya ye fijará el partido en ti; y si no, te aguantas”, decía el fallecido Ramón Rubial.

Otros parecen haber olvidado que España se rige políticamente por un sistema parlamentario, donde el Presidente del Gobierno no es elegido por votación directa de los ciudadanos, sino por el voto de los representantes-delegados de los electores, que se llaman diputados, lo que garantiza la certeza de que el Congreso es el que controla al Presidente elegido y la posibilidad de que incluso destituya a ese Presidente a través de la moción de censura o la pérdida de la moción de confianza si llegara a plantearla. Si como parece ahora (pero no lo pareció en el Congreso del PSOE de Sevilla) el partido socialista ya no sólo se conforma con elegir por primarias al candidato a la Presidencia del Gobierno, sino que avanza un paso más y propone que también lo sea el Secretario General de ese partido, se dejará de hacer caso al consejo de Rubial y se hará difícil explicar que la elección del Presidente del Gobierno por el voto delegado de los ciudadanos es un método democrático.

En el supuesto de que esos procedimientos se abrieran paso, el PSOE pasará los dos últimos años de esta legislatura votando ya sea para elegir al candidato a Presidente o al candidato a Secretario General. Y por el camino, se dejará el control democrático de esos cargos por los órganos del partido. ¿Quién será el guapo que se atreverá a cuestionar en un Congreso o en un Comité Federal los designios, decisiones o resoluciones del Secretario General elegido por todos los militantes del partido? ¿Quién se atreverá a votar en contra de resoluciones congresuales o federales que no cuenten con el aval y el visto bueno del elegido por las bases? ¿Quién le toserá al Secretario General cuando haga la propuesta de la Comisión Ejecutiva con la que piense dirigir el partido en los años siguientes a la celebración de un Congreso?
¿Y qué pasará cuando el Secretario General, elegido por los afiliados, y el candidato a Presidente del Gobierno, elegido por militantes y simpatizantes, no coincidan en la misma persona? Cuando uno y otro no compartan criterios sobre asuntos transcendentales, ¿qué opinión prevalecerá, la del Secretario General o la del candidato? ¿Qué órganos estatutarios serán los encargados de dirimir el conflicto? Ya se plantearon esos conflictos en la época de Borrell, candidato, y Almunia, Secretario General, y ya sabemos cómo se resolvió el conflicto.

Algunos parecen haber olvidado la máxima de Rubial, que prohibía que se diera algo en el seno del PSOE a quien lo pidiera para él

En una entrevista que tuve con Fidel Castro en la Habana, en un momento pude ver como Castro escribía y corregía la maqueta del periódico Granma. Le pregunté que si era él el que hacía el periódico. Su respuesta fue que el Granma era el periódico del pueblo, para el pueblo y hecho por el mismo pueblo. Pensé que como el pueblo cubano tenía cosas más importantes que hacer que reunirse todas las noches para redactar un periódico, que era el Comandante Castro el que lo hacía en su nombre. Sin duda algo parecido pasará con los procedimientos que el PSOE está acariciando, torpemente en mi opinión; como los militantes y simpatizantes no podrán reunirse cada semana para controlar, supervisar o corregir lo que haga el Secretario General o el candidato, serán ellos los que decidan en nombre de quienes los eligieron.

¿Y el partido?

Descargar página del periódico en formato PDF

El escrache de Tejero y Armada (elconfidencial.com)


Era febrero de 1981; el día 23 de ese mes, el Congreso de los Diputados celebraba una sesión para elegir presidente del Gobierno puesto que Adolfo Suárez, que había resultado ganador de las Elecciones Generales de 1979, las segundas de la democracia, había presentado su dimisión al Rey, en la creencia de que los ciudadanos habían dejado de confiar en él y en el convencimiento de que su coalición partidaria, UCD, se había convertido en una jaula de grillos imposible de manejar por quien hasta ese momento era su presidente. Suárez pudo comprobar en el congreso de esa coalición, en Mallorca, que ya no era el líder indiscutible de la Unión de Centro Democrático.

Cuando se estaba celebrando la votación y un secretario de la Mesa del Congreso leyó el nombre del diputado Manuel Núñez Encabo, una de las puertas que dan paso al hemiciclo se abrió violentamente dejando entrar a uno de los ujieres del Congreso que, gritando, subió por una de las escalerillas que dividen el hemiciclo. Inmediatamente se escucharon tiros en el pasillo del Congreso y por la puerta contraria a la que había roto el ujier, entró un teniente coronel de la Guardia Civil, pistola en mano, gritando aquello de: “¡Quieto todo el mundo!”.

Mientras el jefe de los amotinados se dirigía a la Presidencia del Congreso que ocupaba Landelino Lavilla, por todas las puertas comenzaron a aparecer guardias civiles, incluida la entrada al hemiciclo por la parte trasera del mismo, por cuya puerta disimulada sólo se puede acceder si se sabe que esa puerta existe. “¡Al suelo! ¡Al suelo!”, repetía Tejero que ya había llegado a la altura de la presidencia y encañonaba con su pistola reglamentaria al presidente Lavilla. No sé si por el estupor o por la sorpresa, nadie acató la orden del sublevado que, repitiendo la misma letanía, esa vez acompañó sus histéricos gritos con fuego real; dicho y hecho, el resto de los guardias civiles apretaron el gatillo de sus metralletas y el sonido atronador consiguió que todos, menos Suárez y Carrillo, cumplieran la ensordecedora orden.

Ya se sabe lo que pasó. Allí estuvo secuestrado el Congreso y el Gobierno hasta el mediodía siguiente.

Si una votación es la consecuencia del chantaje, la coacción, el miedo o el temor, lo votado no vale

¿Qué ocurrió en esas 18 horas? Por un lado un guardia civil, utilizando métodos al margen del sistema democrático, trató de cambiar la voluntad de los españoles que, tres años antes, habían decidido vivir democráticamente amparados por una Constitución votada por la soberanía nacional. No era nuevo el procedimiento; en las pocas oportunidades que España ha tenido de vivir democráticamente, o bien pronunciamientos, o bien golpes de Estado, o bien guerras civiles, acabaron con la experiencia. Los españoles, al contrario de lo que pasó en algunos países europeos (Alemania, Italia), no dimos poderes desde el Parlamento democrático a nadie para que desde dentro del sistema terminara con el sistema. Tejero no lo consiguió en esa ocasión y los españoles creímos que ese fracaso nos vacunaba contra el golpismo, máxime cuando poco después entramos en la UE y en la OTAN que, además de lo que significaban, suponían un escudo antigolpista.

Pero a lo largo de esa noche, el general Armada pretendió entrar en el hemiciclo para proponer a los diputados que votaran un gobierno de salvación nacional, presidido por él. No parece que el general Armada tuviera la intención de retirar a los guardias civiles que apuntaban con sus metralletas a los diputados. No sé qué hubiera pasado si Tejero hubiera dejado a Armada hacer su propuesta y pedir su votación con cincuenta o sesenta metralletas apuntando a los diputados. Pero, en el supuesto de que cohibidos, acosados y amedrentados los diputados hubieran votado que sí, todo el mundo, dentro y fuera de España, hubiera sabido que esa votación no habría tenido validez, cualquiera que hubiera sido el destino final de la aprobación de un Gobierno así elegido.

Una votación realizada por la coacción de los que querían imponer su voluntad no hubiera tenido el más mínimo respaldo de la ciudadanía, aunque Armada hubiera salido de allí investido presidente alegando que había conseguido el voto de los diputados.

Si una votación es la consecuencia del chantaje, la coacción, el miedo o el temor, lo votado no vale.

Ir al artículo publicado en el diario «elconfidencial.com»

Recuperar el país (elconfidencial.com)

Ni resulta fácil gobernar en estos momentos en España ni resulta sencillo ejercer la oposición de manera responsable desde la perspectiva de un partido con vocación de gobierno. Dos escenarios: El país está hundido; la credibilidad de la política, los políticos y la democracia representativa, también.

El principal partido de la oposición, el PSOE, tiene que decidir qué quiere ser.

En el congreso de Sevilla, se enfrentaron dos concepciones de lo que debe ser el PSOE en la oposición: los que pretendían situar al partido socialista como el partido más grande de la izquierda española y los que apostaban por un PSOE como el partido hegemónico del centro izquierda español. En el final de los 70 del siglo pasado, el PSOE era el partido más grande de la izquierda española, como se puso de manifiesto en las elecciones generales de 1977 y 1979, donde obtuvo 118 y 121 diputados respectivamente; fueron buenos resultados en comparación con los que obtuvieron otras formaciones situadas dentro de ese espectro político, pero situaba al PSOE muy lejos de los 176 diputados necesarios para obtener la mayoría parlamentaria para poder gobernar sin hipotecas.

Llevan razón quienes piensan que el PSOE, en estos momentos, es un partido sin sustancia, sin peso, enclenque y encogido

Fue el aldabonazo de Felipe González en el 28 Congreso del PSOE, anunciando que no se presentaría a la reelección de la Secretaría General, el que propició que el PSOE diera un giro en sus principios programáticos y en su estrategia y se situara, en el escenario político nacional, como el partido hegemónico del centro izquierda y como el partido con vocación de gobierno en los momentos tan delicados en los que vivía España en esa época.

Muchos de los que en Sevilla apostaron por la opción de situar al PSOE como el partido más grande de la izquierda o no habían nacido o eran menores de edad cuando ese cambio radical llevó al partido socialista al Gobierno en 1982, con un resultado abultado de 202 diputados.

Rubalcaba sí estuvo en esa operación, y esa fue la razón fundamental para que ganara el Congreso de Sevilla con el voto de quienes aspiraban a dar una nueva vuelta de tuerca a un partido que no debe perder su vocación de partido central en la política española.

Los desplantes y desaires del Gobierno de Mariano Rajoy a los múltiples ofrecimientos de acuerdo y negociación que ha ofrecido Rubalcaba en estos  meses de gobierno popular, no deben desanimar al Secretario General de los socialista españoles ni deben servirle para meterse por un camino que desvirtúe la vocación gubernamental del PSOE.

Llevan razón quienes piensan que el PSOE, en estos momentos, es un partido sin sustancia, sin peso, enclenque y encogido, frente al PSOE de los años 80 que era un partido esponjado, abierto y donde encontraba asiento buena parte de la sociedad, que aspiraba a ayudar a un partido que tenía vocación de recuperar a un país que, como España, necesitaba grandes dosis de moral, de esperanza y de optimismo.

Y de eso se trata, de que el PSOE, que ahora está en la oposición, trate por todos los medios de ayudar a recuperar al país, huyendo de esa manida y errónea frase de “aunque sea a costa de los intereses del partido”, porque como ya dijo Largo Caballero en los tiempos terribles del enfrentamiento civil, “si los socialistas ayudamos a salvar a España, fortaleceremos a nuestro partido”. Si el PSOE, aquí y ahora, contribuye real y eficazmente a sacar a España del atolladero en el que está metida, contribuirá, sin ningún género de dudas, a reforzar el papel del PSOE y a  paliar la mala imagen que tiene la democracia representativa en España.

Ir al artículo publicado en el diario «elconfidencial.com»

Scroll al inicio