Artículos en prensa
Relación de últimos artículos de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, publicados en prensa escrita.
Ha llegado la hora de que paguen otros (elconfidencial.com)

Ante esa información, fácilmente consultable en Internet, nadie puede acusar a España de gastar por encima de sus posibilidades. Sí se nos puede acusar de ingresar menos que el resto. Nuestro problema no reside en los gastos, sino en los ingresos.
El problema de España no reside en el gasto, sino en el ingreso. No tenemos dinero para mantener el sistema, por lo que el gobierno debe consensuar no gastar de más, ni ingresar de menos
Y si eso es así, y hasta el propio Montoro lo reconoce, el Gobierno no sólo nos está mintiendo en relación con lo que prometió y con lo que hace, sino que también nos engañó en el diagnóstico. El PP llegó al Gobierno ganando las elecciones con la falsedad de que en España el gasto público estaba disparado por culpa de la política del gobierno socialista. Se han aprovechado de esa mentira para recortar derechos y para tratar de imponer su modelo social liberal. Pero las declaraciones de Montoro ponen en evidencia que la mentira ya no da más de sí, porque haciendo la política que se hace ahora en España, la situación, lejos de mejorar, cada día es más caótica. Y se asustan viendo lo que está ocurriendo en Portugal. Y ese susto y ese fracaso son los que hacen caer en la cuenta de que el problema de España no reside en el gasto, sino en el ingreso. O son unos ignorantes o son unos mentirosos; tanto dar lecciones de economía barata; tanto abogado del Estado; tanto listo… ¿Y ahora, qué? ¿Van a pedir disculpas por haber estado haciendo una política errónea? ¿Van a rectificar? Los recortes del último año y medio han significado la pérdida de 850.000 empleos y más recesión.
Otra reunión secreta de Artur Mas (elconfidencial.com)

No se sabe si la orden del ministro del Interior para que se haga un cerco protector sobre los diputados escrachados es la consecuencia del escrache practicado por el señor Mas; si así fuera, es casi seguro que dentro de poco, Rosa Díez o los diputados de Bildu, recibirán la visita de Mas, en un domingo de estos, cuando se encuentren saboreando un buen plato de comida dominguera, para practicar el escrache con ellos. Pero no nos adelantemos a los acontecimientos porque, si acaso ese incordio llegara a producirse, los acosados darán una rueda de prensa para contar lo que allí ocurrió.
El peligro es que las decisiones importantes no se tomen en el Parlamento, sino en los despachos y en secreto. Y, entonces, ¿qué pintamos los ciudadanos?
Porque esa es otra: el señor Mas ha inaugurado lo que podríamos denominar reuniones secretas para que, después, los interlocutores nos cuenten que han tenido una reunión secreta. En España, donde ahora todo está mangas por hombro, se hacen reuniones secretas para contar que se han tenido reuniones secretas, cosa que no se acaba de comprender muy bien. Si las reuniones son secretas, lo lógico es que los reunidos hagan todo lo posible por evitar que se conozca que han estado reunidos secretamente. De lo contrario, y si la idea es contar que se han reunido en secreto, para qué el secretismo.
Da la sensación que los de los secretos están siguiendo los pasos de Luis Miguel Dominguín, aquel torero famoso por lo bien que toreaba en todos los ruedos, y del que se contaba que, habiendo tenido en cierta ocasión la oportunidad de compartir lecho con la afamada y ya desaparecida actriz de cine norteamericana, Ava Gardner, salió corriendo de la habitación como alma que llevaba el diablo. Y cuando alguien, a la salida del edificio donde había pernoctado con la gran belleza que era la Gardner, le preguntó por la razón de sus prisas, el torero contestó: “Me he acostado con Ava Gardner y voy corriendo a contárselo a la gente”. Pues eso, que da la sensación de que lo importante no es lo que se habla en esas reuniones secretas, sino en el cuento que luego se cuenta a la gente.
Y si se quiere contar un cuento, porque de un cuento se trata, qué creen Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba que van a ganar ante una opinión pública que, de entrada, no se va a creer nada de lo que se le cuente. Nadie se va a creer que esas reuniones clandestinas se han hecho con la sana intención de arreglar alguno de los múltiples problemas que tiene España, porque si esa fuera la intención, tanto uno como otro exigirían que los contactos fueran públicos. Nada hay más gratificante para un responsable político que poder decir que va a emplear una parte de su tiempo en tratar de encontrar una solución a cualquiera de los problemas que aquejan a los españoles en estos momentos.
En España, donde ahora todo está mangas por hombro, se hacen reuniones secretas para contar que se han tenido reuniones secretas
El simple hecho de que se nos cuente la reunión secreta lleva implícita la desconfianza por parte de los que escuchan. “Si fueran buenas las intenciones de las partes, ¿por qué tienen que reunirse en secreto?”, fue lo que le escuché a la señora a la que le compro el pan. “Cuando lo hacen así será porque algo malo están tramando contra nosotros”, fue el comentario de otro cliente al que despachaban en ese momento.
Ya sabemos que desde que la crisis hizo acto de presencia en España, no es el Gobierno elegido por el Congreso de los Diputados el que decide sobre nuestro futuro colectivo, sino una cosa llamada troika que casi nadie conoce y que en ruso significa vehículo a modo de trineo, arrastrado por tres caballos. Pero eso es una cosa y otra más llamativa es que aquello en lo que aún podemos decidir, los encargados de hacerlo, lo hagan en secreto. El peligro es que las decisiones importantes no se tomen en el Parlamento, sino en los despachos y en secreto. Y, entonces, ¿qué pintamos los ciudadanos?
