Se acabó la undécima legislatura y a partir del 26 de junio se abrirá la décimo segunda de la democracia. Ello significa que en el próximo mes volveremos a votar por las diferentes opciones que deseen obtener representación en el Congreso y en el Senado. Previamente, como viene ocurriendo desde que se disfruta de democracia, los partidos y coaliciones se tirarán a la calle para hacer llegar al electorado todo aquello que crean oportuno para sus intereses. La campaña -y antes la precampaña- acompañaran nuestras vidas hasta el día de la votación. Lo que a nosotros nos parece anormal, es algo habitual en las democracias que se rigen por un sistema electoral que contempla la segunda vuelta para declarar vencedor a aquel partido o candidato que no obtuvo la mayoría absoluta en la primera tanda de votaciones. Si los votantes de esos países no se cansan, no veo la razón del supuesto hartazgo que anima a los españoles por el hecho de tener la posibilidad de votar dos veces en cuatro meses. Y digo bien cuando escribo la posibilidad de votar porque, a diferencia de lo que ocurre en otras democracias, en la española el voto es voluntario
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