EXTREMADURA RESPIRA

No existe ninguna razón para afirmar que Extremadura es pobre; también se puede ahogar a una sociedad sepultándola en tópicos. Sucedió que teniendo mucho no habíamos dispuesto de casi nada, ni siquiera de la posibilidad de reivindicarlo, de negociar lo que nos correspondía, de exigir un lugar al sol de la justicia y de la igualdad ante los pueblos. Acudan, si no, a la hemeroteca y vean el informe del Banco de Bilbao relativo a la situación económica de España y sus regiones en el periodo de 1955 a 1975, es decir, en los veinte años anteriores al inicio de la Transición: “Mientras que la población activa crecía en España el 11,7%, en Extremadura disminuía el 26,4%”. “En ese periodo, la renta en España creció el 191,39%, mientras que en Extremadura solo lo hizo en un 105,03%.

IMPUESTOS PROPIOS

Primero fue el impuesto bancario y ahora ha sido el impuesto sobre iniciativas industriales contra el medio ambiente. En ambos casos, los que tienen una idea equivocada del Estado que diseñó la Constitución se llevaron las manos a la cabeza utilizando el manido discurso de los riesgos que para la región extremeña y para sus habitantes significaban ambos tributos. Desde el “de aquí se irán todas las sucursales bancarias” hasta el “al final lo acabarán pagando los ciudadanos” lo que se trataba de evitar era perjudicar en lo que el difunto Forges consideraba un porcentaje pequeñísimo de las ganancias de las eléctricas y la banca. “Ibarra arruina a las eléctricas cobrándole un 0,00000000000001% de sus beneficios” decía un chiste del malogrado humorista publicado en El País en 2006. En ambos casos, tuvo que ser el Tribunal Constitucional el que dio la razón a la Junta de Extremadura una vez que tuvo que resolver los recursos presentados por quienes tenían que pagar esos impuestos y no querían pagarlo (lo cual entra dentro de la lógica del pagador) y por quienes desde posiciones partidarias defendían que no los pagaran (lo cual entra dentro de la torpeza política y de la falta de ambición por la igualdad).

No me insultes que llevo chanclas

No me insultes que llevo chanclas / Rosell
No me insultes que llevo chanclas / Rosell

Antes de que la sra. Tejerina insultara a los andaluces, la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, afirmó que los madrileños estaban pagando la educación y la sanidad de los andaluces, por culpa de un sistema de financiación autonómica «injusto». Debe ser que pagan muy mal puesto que según su compañera de partido, Isabel García Tejerina, «en Andalucía te dicen que lo que sabe un niño de diez años es lo que sabe un niño de ocho en Castilla y León».

La cosa viene de lejos, porque la también popular Ana Mato, en una entrevista en Punto Radio, en marzo de 2008, aseguraba que «los niños andaluces son prácticamente analfabetos». Artur Mas alardeó de que los niños catalanes sabían hablar mejor el castellano que, por ejemplo, los sevillanos, a los que «no se entiende». Y el inefable ex portavoz del PP, Rafael Hernando, en marzo del 2015 ya dijo que «hay que sacar a Andalucía del pelotón de los torpes».

Los Costaleros y el «Pop-up»

Los Costaleros y el "Pop-up"
Los Costaleros y el "Pop-up"
Los Costaleros y el «Pop-up» – Nieto

«Todos nos hacemos de nuevas cada vez que los portadores comienzan su espectáculo. Periodistas, tertulianos, diputados y senadores fingen que no se sabe si finalmente resplandecerá el sol y habrá presupuestos o por el contrario, la supuesta nube negra descargará con furor unos cuantos litros por metro cuadrado que volverá imposible la continuación del gobierno o la buena marcha del país»

Y vosotros, ¿qué hicisteis?

Y vosotros, ¿qué hicisteis? / rosell
 Y vosotros, ¿qué hicisteis? / rosell
Y vosotros, ¿qué hicisteis? / rosell

Nací, como tantos españoles, en un país en el que regía una dictadura militar. Crecí en un país sin derechos y sin la condición de ciudadano libre. Nací en una dictadura, pero pienso, quiero y seguro que moriré en una democracia.

¿Por qué ese deseo, ese pensamiento, esa voluntad? ¿Por qué esa proclama que podría parecer extemporánea, trasnochada y fuera de lugar? De nuevo, y como ya ocurrió en 1934, el nacionalismo catalán vuelve a traicionar a la democracia española. Seis años después de que Artur Mas iniciara el desafío al Estado, ya no se trata de saber si habrá o no referéndum; si Puigdemont será o no entregado para ser juzgado por rebelión; si los independentistas tienen o no derecho a poner lazos amarillos donde les plazca; si Torra chantajea o no al Gobierno; si los independentistas se dividen o se unen. Sobre esos asuntos hay opiniones para todos los gustos. Aquí y ahora, de lo que se trata es de saber si un grupo de ciudadanos dirigidos por gente que ha decidido romper España, pueden liquidar lo que ellos llaman «el régimen del 78». Y aquí ya no hay mucho donde elegir: o ganan ellos, los que quieren acabar con la Constitución o ganamos los que queremos defenderla. Ya no es momento de explicarnos por qué hemos llegado hasta aquí. Ya hay cientos de versiones. Los que no saben qué hacer ni por dónde tirar se escabullen con lo de la «búsqueda de una salida política». Para mí sólo hay una salida: o derrotamos política y judicialmente al independentismo político y restablecemos la legalidad o dejamos que ganen quienes la vulneran. En este último caso habremos terminado con el Estado de Derecho en Cataluña y en toda España.

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