Diario de Sevilla

Dando lástima, ¡como siempre!

Por dónde hubiera circulado España si en el debate parlamentario que hubo en las Cortes del Trienio, a propósito del sistema arancelario, hubiera ganado Francisco Martínez de la Rosa, en lugar de las tesis defendidas por el diputado catalán Juan de Valle, quien, en un tono lastimoso, como siempre ha ocurrido, defendió que el único camino para impulsar la industria de un país consistía en prohibir la entrada de los artículos extranjeros.

Ya va siendo hora

La consejera socialista de Justicia y Derechos Humanos del Gobierno vasco ha pedido perdón por las “cuatro décadas de ausencia institucional y silencio social” a las familias de los cuatro miembros de ETA asesinados hace cuarenta años por los GAL en el hotel Mombar de Bayona.

Sabor a helado de pistacho

Sabor a helado de pistacho

Como a tantos otros, la muerte de Javier Lambán me dejó un cierto sabor a helado de pistacho. Algo amargo porque nuestro querido y admirado Javier Lambán aún era joven para salir de la vida. Él, como otros responsables de gobiernos autonómicos y municipales, fue desalojado de la presidencia de Aragón por una cuestión de tiempo. Si las elecciones generales hubieran precedido a las autonómicas y municipales, la salud de Javier le hubiera jugado de igual forma una mala pasada, pero Javier hubiera muerto siendo presidente de la Comunidad Autónoma de Aragón.

Una izquierda no socialista

Si no es socialista, ¿qué es? Ya no mola ser comunista, ni marxista, ni leninista, ni eurocomunista, ni maoísta, ni anarquista. Si querían conformar un grupo para conseguir sus objetivos tenían que conseguir una identidad bajo la que camuflarse. La Ley de Memoria Histórica vino en su ayuda. Se declararon antifranquistas Y, entonces, sí podían ser compañeros de viaje de los socialistas. ¿Quién va a rechazar formar un bloque con todos aquellos que rechazan la dictadura?

¿Acepta el debate?

¿Acepta el debate?

Es bien sabido que de vez en cuando emergen demagogos extremistas en todas las sociedades, incluso en las democracias saludables. Una prueba esencial para las democracias no es si afloran o no tales figuras, sino si la élite política y, sobre todo, los partidos políticos se esfuerzan por impedirles llegar al poder, manteniéndolos alejados de los puestos principales, negándose a aprobarlos o a alinearse con ellos y, en caso necesario, haciendo causa común con la oposición en apoyo a candidatos democráticos”. Pág. 15

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