Diario de Sevilla

¿Y qué hacer?

Los mapas que nos trajeron hasta aquí ya no sirven. Las coordenadas por las que se regía el mundo de la economía, de la política, de la cultura no contemplaban realidades que hoy existen y que ayer no estaban. Algunas cifras nos sitúan en una realidad inimaginable hace sólo 15 años: en los próximos diez años, una persona desempeñará hasta catorce trabajos diferentes antes de cumplir los 40. Más de la mitad de los trabajadores no llegan a alcanzar la cifra de cinco años de antigüedad en su trabajo. Hay algo más de mil seiscientos millones de personas registradas en Facebook. La compañía Google registra tres billones de búsquedas diarias. El número de whatsapps que se mandan cada día asciende a treinta mil millones. Las ocho carreras universitarias que se demandarán en 2020 aún no han sido creadas. El 92% de los datos de los que tiene constancia la humanidad desde que existen los registros físicos se han generado en los dos últimos años. Cada segundo el mundo oye sonar doscientos millones de teléfonos móviles. La tecnología digital está permitiendo que cada vez más cosas se puedan conectar a internet (internet de las cosas), de tal forma que los propios bienes producidos incorporan dispositivos que les proveen de capacidad de transmisión e información en tiempo real. Nunca antes de ahora, los consumidores, fabricantes, comercializadores y proveedores podían estar conectados gracias al desarrollo de la tecnología asociada a Internet, que permite la transferencia de información en tiempo real y a coste reducido.

Aquella izquierda catalana

Se aprobó en el Parlamento de Cataluña la declaración para iniciar la desconexión de esa región del resto del Estado. Los españoles nos encontramos con un ataque al Estado desde dentro del Estado y no tenemos respuesta. Dice el presidente del Gobierno que él sabe lo que hay que hacer pero el resto de los ciudadanos no sabemos qué decir. No sabemos qué hacer. El Gobierno debería articular un discurso y una respuesta que pudiera dar seguridad y tranquilidad a todos los ciudadanos. Conviene que se tenga claro y se tome en serio. Tenemos poca experiencia en reformas constitucionales.

Nacionalismo catalán. ¿Qué quieren?

Sólo quienes no conocen la historia de España pueden haberse visto sorprendidos por el resultado de las elecciones del 27-S y por la reclamación de una ruptura con un Estado que ya no garantiza el privilegio del que ha venido disfrutando la burguesía catalana desde el siglo XIX.

Quienes nos opusimos a la definición nacional de Cataluña no lo hacíamos por un afán centralista sino por evitar las consecuencias de tamaña e irresponsable cesión. Yo no soy ni nacionalista español ni centralista. Un extremeño no le debe nada al nacionalismo español, entre otras cosas porque su territorio y sus gentes han sido víctimas de ese nacionalismo que durante el siglo XIX y buena parte del XX protegió la industria catalana y vasca y el cereal castellano en perjuicio de otros territorios que tuvieron que comprar más caro los productos españoles que los foráneos.

Incómodos

«Para que Cataluña se sienta cómoda en España» es una de las frases que más veces se han repetido desde que el señor Artur Mas acudió a La Moncloa a tratar de negociar un nuevo acuerdo de financiación autonómica para Cataluña y volvió a Barcelona defendiendo el derecho de autodeterminación de uno de los territorios que forman parte de España desde que este Estado se reconoce como tal.

Oyendo esa frase, se tienen la sensación de que España está formada por un conjunto de pueblos, todos contentos y felices de ser, sentirse y vivir en España, menos uno, Cataluña que se siente desgraciado por convivir con el resto. Ante ese tipo de cavilaciones, caben un par de reflexiones o preguntas.

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