España

La ciudad prohibida

La ciudad prohibida / Rosell
La ciudad prohibida / Rosell

Hace casi cien días que se decretó el estado de alarma y, consecuentemente, el confinamiento total o parcial de los españoles para esquivar la temible pandemia declarada por los efectos del llamado coronavirus. En líneas generales, los ciudadanos hemos hecho lo que se esperaba de nosotros. No ha habido grandes discrepancias a la hora de adoptar todas y cada una de las medidas que la autoridad sanitaria ha ido dictando semana tras semana. Los sanitarios españoles han dado un ejemplo de madurez y de responsabilidad. No cayeron en la tentación de ponerse a discutir entre ellos o contra la autoridad sanitaria por falta de material y de personal. Lo importante era salvar vidas y a ello se entregaron arriesgando las suyas. Su ejemplar comportamiento ha sido reconocido con la concesión del premio Princesa de Asturias de la Concordia y con el aplauso diario que puntualmente le dedicábamos los ciudadanos a la caída de cada tarde.

¡A DESCARBONIZAR, A DESCARBONIZAR …!

Internet en la España vaciadaA veces vemos películas o reportajes que se adelantan a los tiempos. Lo que en ellos nos cuentan nos parece irreal y producto de la imaginación  del guionista o del director. Ocurre que en algunas ocasiones nos acordamos de que eso que estamos viviendo ya lo había profetizado alguien al que considerábamos un visionario sin fundamento.

A lo largo de la historia ha habido muchos momentos que rompieron los esquemas por los avances tecnológicos. La Primera Revolución Industrial trajo innovaciones mecánicas como la máquina de vapor o el ferrocarril; la segunda supuso la fabricación en masa a través de la electrificación; la tercera fue la que puso a disposición del gran público los ordenadores e internet; y ahora estamos en la cuarta, y ya se habla de la quinta, que se caracteriza por la conectividad de los dispositivos, el Big Data, las comunicaciones móviles, las redes sociales, la inteligencia artificial, el 3D, el asistente virtual, los robots, los autos autónomos, los drones, etc.

YO NO PIERDO LA ESPERANZA

Caceroladas sin mascarillas
Foto: EFE

Hace un par de semanas publiqué un artículo en este blog advirtiendo de la posibilidad de que, como consecuencia de nuestra laxitud a la hora de cumplir con la normativa sobre mascarillas y distancia social, volviéramos a la fase cero y al confinamiento total. Señalaba a los que en una mano esgrimen una cerveza y a los que en otra aporrean una cacerola. Debo decir que los de la cerveza ni se han inmutado y, tal vez, ni se hayan dado por aludidos, como diciendo “yo a lo mío y los demás que digan misa”. Por el contrario, los de las cacerolas, los defensores de la libertad, han salido desenfrenados propagando contra mí todo tipo de insultos, calumnias y difamaciones según me cuentan quienes se dedican a tuitear o a facebookear. Yo no frecuento esos nidos de anónimos cobardes.

La pérfida y finiquitada Castilla

Fortalecer la vecindad con quien estaba ahí, pero que hace unos años aparecía tan lejos, es uno de los logros de los que más satisfecho debemos sentirnos los demócratas portugueses y españoles. Disponemos del mejor ambiente para enterrar fantasmas históricos, para anular prejuicios, para no dejar correr imágenes distorsionadas de uno y otro lado, para conocernos de verdad, para proponer planes estratégicos conjuntos. Hemos superado las consignas de fraternidad meramente retóricas del pasado y estamos explorando todas las potencialidades de una cooperación leal y fructífera. Por eso ha herido tanto que la Asamblea Municipal de Lisboa aprobara una moción de condena a la “deriva autoritaria” del Gobierno español en Cataluña en la que reclama una “solución política” que incluya la liberación de los presos del procés. La moción se votó el 26 de noviembre pasado, a propuesta del Partido Comunista, y fue aprobada gracias al apoyo del Parido Socialista, del Bloque de Izquierda, los comunistas y los tres partidos ecologistas, además de siete independientes.

SE APRENDE EN CASA Y SE HACEN DEBERES Y SE RESUELVEN DUDAS EN EL AULA (Salman Khan)

En biología, un virus (del latín virus, en griego ἰός “toxina” o “veneno”) es un agente infeccioso microscópico acelular que solo puede reproducirse dentro de las células de otros organismos. Esa condición de veneno y de infección fue la que llevó al mundo de la informática a denominar virus informático a un software que tiene por objetivo alterar el funcionamiento normal de cualquier tipo de dispositivo informático, sin el permiso o el conocimiento del usuario principalmente para lograr fines maliciosos sobre el dispositivo.

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