España

Muerto el perro… se acabó la rabia

Foto: EFE
Tal vez me equivoqué la semana pasada cuando afirmé que no colaba el hecho de que Junts pel Sí y la CUP hubieran sido capaces de negociar, junto con ERC, el inicio de la conformación de un Estado catalán y se les hubiera pasado acordar el nombre del presidente encargado de formar un Gobierno que tuviera la capacidad ejecutiva para ponerlo en pie. Y admito que pudiera haberme equivocado si tenemos en cuenta que la inmensa mayoría de los afiliados a la CUP votaron el domingo anterior en contra de apoyar la investidura de Artur Mas. Pero el tal vez con el que abro este comentario se sostiene en el hecho de que, al día siguiente de que votaran las bases, el líder de la formación anticapitalista, Antonio Baños, declaró en un medio de comunicación que la posibilidad de que parte de los parlamentarios de la CUP voten al actual presidente en funciones sigue siendo posible. «Todas las opciones siguen abiertas», dijo en una entrevista en RAC. Sigo insistiendo, y me juego una cerveza con quien quiera, que Mas saldrá elegido presidente de la Generalitat con los votos de Junts pel Sí, de ERC y de la CUP.

Entrevista en Temas para el debate: ¿Qué proyecto para España?

Temas para el debate. Diciembre 20151. Debemos abandonar la España resignada a que sólo se puede hacer lo que vemos hoy y lo que los actuales recursos nos permiten; abandonar la España desconfiada, que al final sabe que detrás de toda oferta hay una trampa y el juego no es colaborar sino descubrir el engaño; la España arrogante que tiene opiniones para todo y que tacha de moda lo que no ha sido iniciado localmente, y como pocas en el mundo nacen hoy en el país, muchas son consideradas modas (incluyendo Internet y la capacidad emprendedora); la España que sólo le da importancia a discutirlo todo y que no se compromete con acciones responsables; la España que opone tradición a cambio, calidad de vida a progreso, estabilidad y solidaridad a capacidad emprendedora; la España con líderes que necesitan tener todo claro antes de ponerse a trabajar, que no confían en que los grandes proyectos son más grandes cuando se inventan en el camino con la comunidad, siendo papel del líder orientar hacia el horizonte nunca totalmente definido

La estrategia del calamar

Mas y Rajoy. EFELa tinta de calamar, ese pigmento oscuro que desprenden algunos cefalópodos, que se expulsa por las aberturas laterales cuando el cefalópodo se encuentra en peligro, deja un rastro oscuro que permite desorientar al atacante. Se trata generalmente de una estrategia de evasión. Esta estrategia, vieja como la vida misma, no solo es usada por el calamar. Todos, en alguna ocasión, hemos tirado de ella cuando hemos sentido que lo mejor era que se perdiera nuestro rastro para evitar que alguien pudiera hacer el tiro al blanco con nosotros. Hay ejemplos muy acabados en la vida y en la literatura de la estrategia de la tinta del calamar. Sin ir más lejos, Podemos, la emergente-descendente nueva fuerza política, la emplea constantemente, arrojando tinta, según los temas y los espacios, para impedir ser percibido con claridad por los depredadores y para no asustar a ningún posible votante.

¿Y si se disculpara o admitiera su error?

Irene Lozano. EFEUn partido político no es más que el instrumento del que se vale un nutrido grupo de ciudadanos para intentar conseguir el poder institucional y, desde él, tratar de conformar la sociedad en la que viven de acuerdo a los principios que inspiran su pensamiento y su visión del funcionamiento de esa sociedad. Se milita en un partido para ganar unas elecciones, que es lo que ocurre cuando circulan en lamisma frecuencia de onda la mayoría de los electores y el partido que aspira a representarlos.

Madrid y Barcelona

BarcelonaFormar parte de una comunidad en la que destaque espectacularmente una de las ciudades que componen el territorio de esa comunidad tiene la ventaja de que se tiene una referencia importante, como la cruz de guía del colectivo, y el inconveniente de que la parte llega a representar simbólicamente al todo. Eso es lo que ocurre en Cataluña y en la Comunidad Autónoma madrileña. Barcelona y Madrid son las partes, pero que los que no viven en ellas, las identifican con el todo.

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