España

El desafío

El texto constitucional trató de conciliar los puntos de vista del regionalismo conservador y de los nacionalismos periféricos, de la tradición federalista de la izquierda española y del nacionalismo español o de las visiones unitaristas. Como toda fórmula de compromiso, fue una fórmula ambigua. El marco institucional que terminó por establecerse no respondía a los rasgos del Estado unitario ni del Estado federal como modelos políticos puros. Así hemos convivido cuarenta años.

Dejad en paz a Felipe González

Cuando en 1991 Alfonso Guerra salió de la vicepresidencia del gobierno de España, muchos de los que ponían una alfombra a su paso, se alejaron de él para acercarse a Felipe González. Alfonso sufrió con mayor o menor frialdad la traición de quienes dejaron de ser “guerristas” para apuntarse al “felipismo”. Esos mismos, que besaban la tierra que pisaba el entonces presidente del gobierno, hoy no solo se han desmarcado de él, sino que, por su afán de hacer méritos ante el poder actual, le difaman, le insultan, le calumnian o le maldicen por su manera de ser, de pensar y de ser libre a la hora de opinar.

La historia se repite

Y parece que, de nuevo, a media España le sobra la otra media.

Ahora se hace política porque la hacen los políticos, pero ese tipo de política, basada en insultos, descalificaciones y donde la duda brilla por su ausencia, no es política.

Ante el congreso del PSOE

No resulta fácil gobernar en estos momentos en España. Tampoco resulta sencillo ejercer la oposición de manera responsable desde la perspectiva de un partido con vocación de gobierno. La credibilidad de la política, los políticos y la democracia representativa están bajo mínimos entre la ciudadanía. “El pueblo salva al pueblo” es el eslogan de la antipolítica.

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