El pasado día 25 de junio el Consejo de Ministros del Gobierno de España aprobó un decreto anticrisis que algún medio calificó como «tiritas para la hemorragia, gasolina contra el fuego». Como el decreto tendrá que ser convalidado en el Congreso de los Diputados, sabremos entonces si estamos ante algo importante para quienes se van a beneficiar de las medidas que en el mismo se contemplan.
España, con 174 días de clase en Primaria, 168 días en Secundaria y 164 días en Bachillerato, es el país de la Unión Europea que tiene menos días de clase
Los aficionados a la pesca sabemos que si lo que se pretende es capturar piezas de pequeño tamaño, lo sensato es utilizar cebos adaptados a la boca del pez y no echar el señuelo lejos de la orilla. Pescando cerquita se pescan piezas pequeñitas. Si se quieren capturar piezas más grandes, hay que aumentar el diámetro del sedal, el tamaño del anzuelo y del cebo y alejar el plomo de la orilla. La pesca grande está lejos de las orillas. Y eso que ocurre en la pesca pasa también en otros aspectos de la vida, por ejemplo en la educación.
Es seguro que esos que hablan después de irse no habrían sido nombrados si hubieran mostrado su auténtica cara de traidores
Primer Consejo de Ministros tras la remodelación del Gobierno.
Quienes, tras el éxito en unas elecciones, hemos tenido la responsabilidad de formar un equipo de gobierno sabemos la dificultad que conlleva el cese de alguien al que fácilmente se le nombró para una función gubernamental. Era muy raro que alguien a quien se le ofrecía un puesto en el Consejo de Gobierno pidiera explicaciones por las razones que hicieron posible su nombramiento. Prácticamente nadie hacía la siguiente pregunta: ¿Y por qué me nombras a mí? Pienso que la razón que les llevaba a no preguntar era porque consideraban que se lo merecían.
Escribo este artículo por encargo de Marisol Mateos, secretaria regional de Organización del PSOE de Extremadura. Me pide que escriba sobre los retos y desafíos que tiene que acometer el partido en esta nueva etapa que se abre después de las elecciones municipales, autonómicas y europeas del pasado mes de mayo.
La situación, aunque diferente de la etapa anterior, donde los socialistas gobernamos la región con un gobierno en Madrid del PP y con varios ayuntamientos de ciudades en manos de ese partido, no es nueva ni desconocida para los socialistas y para los extremeños. Desde 1983 hasta 2011, nuestro partido gozó de la confianza mayoritaria de los votantes y, si exceptuamos el periodo de 1995 a 1999, donde volvimos a ganar pero sin mayoría absoluta, ahora, después de la última legislatura, el PSOE vuelve a enfrentarse a la realidad regional con el apoyo mayoritario de los extremeños. Y ahora, además, contando otra vez con el gobierno de las dos diputaciones provinciales y con ayuntamientos que, como el de Cáceres, han pasado, de nuevo, a ser gobernado por los socialistas.
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Primero fue el impuesto bancario y ahora ha sido el impuesto sobre iniciativas industriales contra el medio ambiente. En ambos casos, los que tienen una idea equivocada del Estado que diseñó la Constitución se llevaron las manos a la cabeza utilizando el manido discurso de los riesgos que para la región extremeña y para sus habitantes significaban ambos tributos. Desde el “de aquí se irán todas las sucursales bancarias” hasta el “al final lo acabarán pagando los ciudadanos” lo que se trataba de evitar era perjudicar en lo que el difunto Forges consideraba un porcentaje pequeñísimo de las ganancias de las eléctricas y la banca. “Ibarra arruina a las eléctricas cobrándole un 0,00000000000001% de sus beneficios” decía un chiste del malogrado humorista publicado en El País en 2006. En ambos casos, tuvo que ser el Tribunal Constitucional el que dio la razón a la Junta de Extremadura una vez que tuvo que resolver los recursos presentados por quienes tenían que pagar esos impuestos y no querían pagarlo (lo cual entra dentro de la lógica del pagador) y por quienes desde posiciones partidarias defendían que no los pagaran (lo cual entra dentro de la torpeza política y de la falta de ambición por la igualdad).