Entrevista a Juan Carlos Rodríguez Ibarra en «El Programa de Ana Rosa», en la que ha pedido al jefe del Ejecutivo y líder de los socialistas, Pedro Sánchez, que autorice un referéndum para que las bases del PSOE se pronuncien sobre la concesión de los indultos a los líderes del ‘procés’.
Me sentí engañado por los que durante un par de años nos han estado exigiendo amnistía para los políticos en prisión
Pere Aragonès y Jordi Sánchez.
Una de las acepciones que nos proporciona el diccionario de la palabra sorpresa es la de “engañar a alguien aprovechando su buena fe”. Lo digo porque la última semana ha transcurrido de sorpresa en sorpresa, no sé si por mi buena fe o por haber descubierto lo que alguien ocultaba o disimulaba, que es otra de las acepciones del morfema sorpresa.
En 1996, Felipe González, tras perder las elecciones frente al PP de Aznar, renunció a repetir como secretario general del PSOE. El nuevo PSOE que a partir de 1974 abanderaron Felipe y Alfonso Guerra junto con una nueva generación de dirigentes socialistas comenzó a declinar y caminar hacia posiciones que poco a poco han generando desconfianza en parte del electorado español.
Ese PSOE, a partir de 1979, defendió con seguridad su proyecto democrático y fue generando confianza en amplias capas de trabajadores de toda clase y condición, en profesionales liberales, en pequeños y medianos empresarios, en pensionistas, en agricultores, etc., y en amplios sectores del mundo de la cultura que apostaron por un proyecto de izquierdas razonable, creíble y posible. El abandono del marxismo supuso establecer una clara frontera entre el comunismo y la socialdemocracia.
¿Por qué nunca se dice que alguien representa lo mejor de la vieja política?
Pedro Sánchez y Pablo Casado en La Moncloa Europa Press
En ocasiones el lenguaje político encuentra expresiones que hacen fortuna e incansablemente se repiten en cualquier foro, vengan o no a cuento. La última que se ha puesto de moda es la que se lanza contra el adversario al que se acusa de “representar lo peor de la vieja política”. Con motivo de la moción de censura en Murcia, esa frase se ha repetido hasta la saciedad sin que se tengan noticias de que quienes la pronuncian sepan exactamente qué están diciendo. Se suelta eso de “lo peor de la vieja política” y nunca se aclara qué es lo peor y qué es la vieja política. Si se acota la vieja política es porque se sabe cuándo empezó y cuándo terminó. ¿A qué se refieren quienes hablan de la vieja política? ¿De qué época hablan? ¿En qué año comenzó y en qué año concluyó? ¿Creen quienes pronuncian la frase hecha, manida y estereotipada que la política, como la vida o como la historia, nace y muere y vuelve a nacer y vuelve a morir sin que existan precedentes? ¿Creen esos oradores de la nada que puede existir un presente sin que exista un pasado? ¿Y saben, acaso, que todo presente está inyectado de pasado?
Defiendo que el Estado de las Autonomías ha superado en competencias y asimetrías lo que es un Estado Federal tipo, como el alemán
El primer secretario del PSC y ministro de Política Territorial y Función Pública, Miquel Iceta. Europa Press
Desde que vivimos en democracia la sociedad española se ha dividido entre quienes reclaman ministros con un brillante currículo profesional y académico y los que son partidarios de que las carteras ministeriales sean ocupadas por políticos con amplia experiencia y recorrido político. El actual Gobierno nos ofrece ejemplos de las dos visiones y, debo decir que si echamos una ojeada al gabinete de Pedro Sánchez no es difícil adivinar las razones que asisten a los partidarios de la segunda opción.
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