Voz Pópuli

No son los mejores

Casi todo un país aplaudiendo a unos tipos que, por lo visto no saben nada sobre derechos humanos. Ellos, al parecer, solo saben pegarle patadas a un balón

La selección española celebrando un gol ante Costa Rica. EP

La euforia se desató entre los forofos de la selección de futbol española, la llamada “roja” para evitar lo de “nacional” y así no ofender a los nacionalistas que siguen con la matraca de que España es una de las tantas naciones que conforman la península ibérica. La “roja” le ganó a la selección nacional de Costa Rica por siete goles contra ninguno de los centroamericanos. Que se sepa, los jugadores, técnicos y directivos de la Federación Española de Fútbol no han tenido ni un solo gesto para manifestar su rechazo a un país, Qatar, que tiene mucho dinero y poca libertad.

Si se pierde territorio, se pierde libertad

Destruir la Constitución que nos protege nos hace menos libres. Podríamos vivir sin Cataluña, pero no podemos ni queremos vivir sin libertad

Pere Aragonés, presidente de la Generalitat junto a Oriol Junqueras, líder de ERC

La nacionalidad, en este caso la española, es algo que se adquiere con el nacimiento y la inscripción en el Registro. Puesto que no se trata de un sacramento, debemos concluir que la nacionalidad española no imprime carácter, de donde se infiere que aquellos que no la quieran deberían pedir su renuncia a ella de manera individualizada, sin pretender arrastrar a todo un pueblo a esa renuncia. En caso contrario se entenderá que se quiere ser español. ¡Como se quiera!; ¡Con las diferencias que se quieran!, incluido el ser español no practicante. Y los españoles, por muy diferentes que seamos, somos todos iguales ante las leyes. O español o no español, ésta es la cuestión.

¿Cómo estuvimos tan ciegos?

¿Cómo pudimos creer que los independentistas atacaban el artículo 2 de la Constitución, cuando solo estaban realizando una alteración del orden público?

Los doce líderes independentistas acusados por el proceso soberanista catalán. Europa Press

En mis tiempos de juventud, luchar por la libertad de expresión era sinónimo de progresismo. Un país o una organización se apellidan democráticos si los miembros que forman parte de los mismos gozan de la libertad de expresión. Y esa libertad solo existe si puede ser ejercida por el discrepante sin cortapisas, salvo las establecidas por ley. Por eso en países como en China, en Corea del Norte o en Cuba, la libertad es solo una palabra sin efectos en el conjunto de la población.

El poder ciudadano

No perderemos nada si todos los millones de ciudadanos que tienen abierta una cuenta en Twitter deciden cerrarla

El dueño de Twitter, Elon Musk, entrando con un lavamanos a la sede de la red social

Hay muy pocas ocasiones en las que los ciudadanos podemos demostrar nuestro poder. En el año 2010, un famoso futbolista francés, Eric Cantona, que jugaba en el Manchester United, lo intentó, haciendo un llamamiento para que todos cerráramos nuestras cuentas corrientes en los bancos que abusaban de nuestros ahorros. El exfutbolista pretendió erigirse en cabecilla de un movimiento contra la especulación financiera. En una entrevista en la prensa apostaba por jugar fuerte: “Hay una posibilidad. Se puede hacer una cosa. No me molesta la gente que se manifiesta, necesitan que se los defienda. Pero hoy salir a la calle ¿qué es? Hoy manifestarse en la calle ¿qué es? La revolución se puede hacer de una manera muy simple hoy. El sistema gira en torno a los bancos. Así que hay que destruir el poder de los bancos. Hay tres millones de personas en la calle con una pancarta. Si esos tres millones van al banco y retiran su dinero, los bancos se hunden».

Jueces sin apellidos políticos

Debería llegar el día en el que a nadie le importe el pensamiento de los jueces y magistrados, como ocurre con los médicos y cirujanos

Imagen del último pleno del CGPJ con Rafael Mozo al frente tras la dimisión de Lesmes

Los partidos no podrían politizar la justicia si no contaran con cómplices dispuestos a hacer el trabajo sucio y a traicionar a sus compañeros de profesión. No conozco a ningún magistrado que levante su voz para rechazar el apelativo de demócrata, conservador, liberal, de izquierdas o de derechas que se le atribuye desde el mismo momento en que su nombre se baraja para algún puesto de relevancia en el Poder Judicial. Ni un solo magistrado de los que han sonado o suenan para ocupar responsabilidades en el órgano de Gobierno de los jueces o en los altos tribunales de Justicia ha protestado por esos apelativos.

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