democracia

En defensa de la decencia política

En defensa de la decencia política / rosell

Ha habido mucha torpeza y, sobre todo, muchos sobrentendidos. Se suponía que después de cuarenta y cinco años de funcionamiento de las instituciones creadas por la Constitución de 1978, todo el mundo se identificaba con ellas, las reconocía, las diferenciaba y sabía en qué consiste el papel de cada uno de los integrantes de las mismas. La televisión pública comenzó ofreciendo los sábados a media mañana un programa por su segunda cadena llamado Parlamento, en el que se explicaba la actividad que nuestros diputados y senadores realizaban a lo largo de una legislatura. Pero siendo en La 2 y en la matinal de los sábados, se podría suponer que el 99% de los adolescentes españoles de aquel tiempo no vieron nunca ese programa.

El domingo 9 es el día

De © Raimond Spekking / CC BY-SA 4.0

Las generaciones de la primera mitad del siglo XX hicieron dos guerras mundiales o dos guerras civiles, como se quiera. Algunos dicen que la primera fue consecuencia del militarismo, del imperialismo, del nacionalismo, la política de alianzas. La segunda dicen que fue provocada por el colonialismo, los problemas étnicos, y la gran depresión. Resultados: murieron diez millones de personas y veinte millones fueron heridos o mutilados en esa primera guerra. Y en la segunda, más de cincuenta millones de muertos.

¡De eso nada, monada!

Todavía se está a la espera de que se nos ofrezca una explicación que pueda ser entendida en toda su dimensión sobre la proposición de ley de amnistía. Sobran los argumentos peregrinos que no se los creen ni quienes los formulan. Sobran las adjetivaciones contra aquellos que no comparten semejante medida. Cuando no se tienen argumentos solventes, se acude a la descalificación. Cuando alguien llama facha a quienes se oponen a la amnistía, están calificándose a sí mismos. Quienes estamos en contra somos tan fachas como los que hace apenas tres meses decían lo mismo que decimos los que no somos partidarios de la amnistía. “Soy tan facha como lo eras tú antes del 23J” es la respuesta que merecen quienes en lugar de pedir disculpas por predicar lo contrario de lo que predicaban, se dedican a insinuar oscuros intereses de quienes no comulgamos con la medida. Alguna vez habrá que preguntar seriamente sobre quiénes fueron los que han traído a la extrema derecha a la política nacional, regional y local.

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